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lunes, 31 de octubre de 2011

La Comuna San José en Manizales: memoria, demoliciones e ilusiones



Escribir sobre los hombres y mujeres, niños y niñas de la Comuna San José, constituye más que un ejercicio para ordenar estadísticamente a su gente, determinando sus niveles de pobreza o de calidad de vida; es mucho más que decir cómo se encuentran comparativamente con los promedios municipales, departamentales y nacionales en ingreso, educación, vivienda o salud. Sin duda, las cifras demográficas y sociales de las comunidades humanas son útiles cuando de apropiarlas intelectualmente se trata, para emprender procesos de “intervención” (así denominan su labor algunos investigadores sociales) y de construcción de política pública para enmendar, corregir o generar nuevos procesos de “desarrollo social.” Es más que un ejercicio intelectual escribir sobre comunidades humanas, investigarlas y exhibirlas sin pudor. El compromiso de los investigadores sociales (sociólogos, antropólogos, trabajadores sociales y profesionales en desarrollo familiar, entre otros), se presenta en una doble expresión: compromiso con el rigor de las ciencias de lo social; compromiso con las comunidades humanas, y el respeto que merecen sólo por esa consideración: comunidades humanas.



La Comuna San José en Manizales aparece inicialmente, ante los ojos de un extranjero, como una unidad un tanto amorfa, distinta del resto de la ciudad. Sin embargo, en la medida en que se acerca a ella y traba relación con sus gentes, con la gran variedad de sectores distinguibles en su interior, se torna en un caleidoscopio que se agita ante nuestros ojos, ofreciendo una gama muy amplia de formas y colores, olores y texturas; lo que era unidad aparece claramente diferenciada en al menos cinco zonas, al tiempo que los comuneros distinguen alrededor de 20 barrios. Pero, lo que a primera vista es distinto del resto de la ciudad, afirma su propia identidad, estableciendo relaciones de intercambio de toda suerte de mercancías y servicios, que superan los límites urbanos, articulando con el campo, tan visible en Manizales, pero también con el conjunto de municipios de Caldas y departamentos no tan cercanos como el Huila. La presencia polícroma de las chivas y los yipaos, colmados de hombres, mujeres y mercancías de todo género, manifiestan en la Galería, en las calles y las carreteras, el papel de la Comuna San José en la organización radial de toda suerte de relaciones con un territorio construido en medio del mismo proceso de la colonización antioqueña del occidente del país.

La Comuna es autogestionaria, autosuficiente, con la apariencia de un pueblo con lógica de construcción castellana, un casco urbano construido a partir de una plaza cívica: el parque Rafael Uribe, San José y, mucho antes, el parque de El Mico, rodeada de símbolos de poder: religiosos, educativos e institucionales (estatales y privados). Es una plaza cívica, incluso, de mayor dimensión que la de algunos municipios del Eje Cafetero.

Una Comuna autogestionaria
La historia de la Comuna San José, como territorio construido, fruto de intercambios de todo orden, no se reduce a las típicas merchandises; sugiere y desarrolla intercambios culturales, sociales y políticos. En cierto modo, la Comuna es autogestionaria, autosuficiente, con la apariencia de un pueblo con lógica de construcción castellana, un casco urbano construido a partir de una plaza cívica: el parque Rafael Uribe, San José y, mucho antes, el parque de El Mico, rodeada de símbolos de poder: religiosos, educativos e institucionales (estatales y privados). Es una plaza cívica, incluso, de mayor dimensión que la de algunos municipios del Eje Cafetero.

En una ciudad, un departamento y una región con cualidades agrestes, con una fuerte energía del relieve, la Comuna San José cuenta con una de las zonas más planas de la ciudad, haciendo parte, en cierto modo, de su mismo centro histórico. Los modos de vida, sin duda urbanos, empero, aparecen acompañados de modos de vida propiamente rurales, campesinos. Las grandes casonas albergan en su interior varios hogares, con grandes patios y solares. El tamaño promedio de los predios es de 88m² , con un buen número de propiedades que fácilmente superan los 150 ó 200m². Aunque parezca extraño, no hay hacinamiento, justamente por el tamaño de los predios y la existencia de apartamentos y casas de habitación en su interior .

El territorio construido, como expresión de las luchas de poder, es, por ello, escenario de una urdimbre bien densa de relaciones sociales, de una sociedad en donde predomina la informalidad de las relaciones de trabajo, pero en donde también se encuentran grandes almacenes por departamentos, bancos, planteles educativos, diversas iglesias (y por ello, variedad de templos), instituciones hospitalarias, instalaciones manufactureras y un sin fin de negocios de todo orden, que incluye casas de lenocinio y de micro tráfico de sustancias psicoactivas.

Este territorio, con gran valor patrimonial para la ciudad de Manizales, estuvo presente en grandes momentos de la historia de la ciudad, pero, especialmente, en los grandes incendios de 1922, 1925 y 1926, que convirtieron en ruinas el centro de la ciudad. Presente porque comerciantes y propietarios de grandes negocios en el centro se trasladaron a la muy cercana, colindante, San José, reproduciendo aún más las tendencias arquitectónicas propias de los grandes centros urbanos de ancestro castellano.

No se puede soslayar la realidad del deterioro de las propiedades en la Comuna San José, sobre todo por el predominio de materiales fungibles como la esterilla, la guadua y el bahareque. Sin embargo, es claro que la Comuna San José ha sido un territorio construido como escenario barrial, como barriada popular, con redes sociales reales (no hablamos de twitter u otras redes virtuales); un tejido social tan valioso que ofrece respuestas en torno a la pregunta de un extranjero: ¿cómo es posible que una familia de 4 ó 5 personas pueda vivir con apenas un salario mínimo mensual o menos? Esas relaciones familiares, de vecinos, de amigos, permiten intercambios, trueques, que hacen posible estar más allá de la lógica estricta de las relaciones reguladas por el capitalismo, morigerando el duro impacto sobre los pobres y los indigentes. Es claro que el 82% de los comuneros vive entre la pobreza y la pobreza extrema (indigencia) . El 43% de los hogares de cuatro personas percibe mensualmente menos de un salario mínimo mensual; son los pobres extremos o indigentes. 39% de los hogares comuneros de cuatro personas percibe apenas dos salarios mínimos mensuales. Estamos ante los pobres.

Tampoco se puede esconder que el 53% de los hogares de la Comuna San José carece de vivienda propia; que del 47% de los propietarios, un buen porcentaje tiene sus viviendas en áreas de ladera, con una clara exposición a riesgos ambientales, especialmente deslizamientos de tierra. Pero, cuando se le pregunta a la gente acerca del grado de satisfacción con la vivienda, el 86% dice estar entre  satisfechos y muy satisfechos. Cuando se precisa la razón, es claro para ellos, que independientemente del estado de su casa, de los materiales de construcción predominantes, etc, lo más importante es porque es de su propiedad y están asentados en la Comuna San José, lo cual constituye una enorme ventaja comparativa por la cercanía al centro de la ciudad y la prestación de servicios público de todo orden, así como la existencia de la galería, parte indisoluble de la comuna en términos de empleo, de lugar de venta y compra de mercancías y servicios.

Comuneros que no pidieron ser desplazados

El territorio construido a pulso por los comuneros, en decenios de trabajo honesto, implica una apropiación y producción de símbolos que han contribuido de manera poderosa a la misma identidad de Manizales. Sin duda alguna, el más importante evento religioso de la ciudad se efectúa todos los Viernes Santos en la Comuna, con una procesión que parte del Puente sobre La Quebrada Olivares y conduce hasta la plaza cívica central, el Parque Rafael Uribe Uribe o San José. Constituye una expresión de fervor religioso, de enorme valor patrimonial, en donde caminan codo a codo, con respeto, con devoción, hombres y mujeres, niños y niñas, jóvenes, a todo lo largo de la comuna.

Este territorio, recibe, sin solicitarlo los comuneros, una orden de desplazamiento forzado oficial, porque es un territorio a intervenir por el gobierno municipal, con el aval del gobierno nacional. Se producen las compras de los predios de manera coactiva, porque se quiere establecer un plan de renovación urbana en nombre de la gente, pero sin contar con ella. Socializando las decisiones, lo cual es distinto a participar en la toma de decisiones en todas las fases de un proceso. El tiempo de residencia en la comuna es muy alto: el 60% de los habitantes vive en la comuna hace más de 15 años; y el 31% de los comuneros reside allí desde hace más de 30 años, razón para que el impacto emocional en las personas haya sido muy fuerte. Nadie deja su propio territorio, que supone rupturas afectivas, sociales, laborales, sin que le impacte profundamente, ello a pesar de suponer cambios positivos especialmente para inquilinos que tendrían la posibilidad de convertirse en propietarios.

Es claro que el 82% de los comuneros vive entre la pobreza y la pobreza extrema (indigencia). El 43% de los hogares de cuatro personas percibe mensualmente menos de un salario mínimo mensual; son los pobres extremos o indigentes. 39% de los hogares comuneros de cuatro personas percibe apenas dos salarios mínimos mensuales. Estamos ante los pobres. Tampoco se puede esconder que el 53% de los hogares de la Comuna San José carece de vivienda propia; y que del 47% de los propietarios, un buen porcentaje tiene sus viviendas en áreas de ladera, con una clara exposición a riesgos ambientales, especialmente deslizamientos de tierra.


Es necesario subrayar, entonces, que todavía no se conocen los impactos psicosociales producidos por la ejecución del Plan de Renovación Urbana, PRU, sobre los comuneros, así como tampoco los ambientales, económicos y financieros en las distintas fases de desarrollo del Plan. El desarraigo, que supone la fractura del tejido social construido pacientemente durante decenios, constituye uno de los efectos más fuertes producidos por el PRU, por la forma como se ejecuta. El respeto por el otro, por el comunero, por el pobre, no ha sido una distinción en el trato oficial. A pesar de estar ante un megaproyecto, el mismo no tiene estudios de impacto de ninguna clase. Seguramente por lo mismo, tampoco hay planes de contingencia.

En el 2009, Manizales alcanzó el primer lugar en indigencia en el país

Las grandes casonas albergan en su interior varios hogares, con grandes patios y solares. El tamaño promedio de los predios es de 88m², con un buen número de propiedades que fácilmente superan los 150 ó 200m. Aunque parezca extraño, no hay hacinamiento, justamente por el tamaño de los predios y la existencia de apartamentos y casas de habitación en su interior.

Hay que recordar que el informe presentado por la Misión de Empalme de las Series de Empleo, Pobreza y Desigualdad (Mesep), en el año 2009 la pobreza en Colombia era del 46% de la población, y un 17% en pobreza extrema. Entre los años 2005 y 2008 la pobreza se redujo de 50,3% a 46%, mientras que la indigencia aumentó en ese mismo periodo de 15,7% a 17,8%. Asimismo, la desigualdad, medida a través del Coeficiente de Gini, pasó de 0,589 en 2008 a 0,578 en 2009. Según el mismo informe, Manizales reportó una tasa de pobreza del 45% el año 2009. Es decir, el mayor índice de pobreza entre las 13 principales ciudades de Colombia. Como si fuera poco, ocupó el primer lugar en indigencia, con una tasa del 11,7%, seguida por Medellín con 10,2%. Estas cifras, acompañadas de la precariedad en el empleo, presentan una sombra sobre la posibilidad de que los habitantes de la Comuna, incluso de otras comunas de Manizales, accedan a los multifamiliares. Es probable que la gratuidad en la entrega, más allá de los subsidios actuales, sea la respuesta dadas las condiciones socioeconómicas de los manizaleños.

Los niveles de escolaridad en la Comuna San José son supremamente limitados, insuficientes, lo que contribuye a formar una de las particularidades de la pobreza: el 60% de los jefes de hogar tiene, como máximo nivel de escolaridad, la primaria completa, al tiempo que sólo el 1% es profesional. El 91% de los mayores de 25 años, no asiste a ninguna institución de formación, a la vez que 2l.59% de las personas con edades entre 15 y 24 años, tampoco asiste a instituciones de formación. No sobra advertir que en este grupo de edad, la gran mayoría debería estar estudiando en colegios y universidades. ¿Que la pobreza los empuja a trabajar? Habrá que examinar la calidad del empleo en donde se cierra el círculo: comuneros en medio de la pobreza, reciben una pobre educación, negando las posibilidades de ascenso social, manteniéndolos entre la pobreza y la miseria.

Finalmente, es probable que tras la demolición de parte de la memoria histórica de Manizales, de sus referencias culturales, sociales y políticas, aparezca una intervención del espacio, renovado, limpio y estéticamente llamativo; pero, como en otros procesos de demolición realizados en Bogotá: demolición para la construcción de la ciudadela Santa Fé en pleno centro de la ciudad de Bogotá, demolición de El Cartucho y el Barrio Santa Inés, del mismo centro y de la misma ciudad para desarrollar el parque Tercer Milenio, no se haya avanzado significativamente en la superación de la pobreza y de las marginalidades y exclusiones en que viven sus gentes. Una intervención integral, que incluya formación para el siglo XXI, empleo decente y formación de cultura ciudadana, son lo mínimo que se puede pedir para un proyecto que, aún en términos de cuánto nos cuesta a los colombianos, muestra cifras que van desde los $250.000.000.000 iniciales, a los $660.000.000.000 de hace un año, o los 3.000.000.000.000 (léase, tres billones de pesos, es decir, tres millones de millones) a los cuales han aludido recientemente los gerentes actuales del proyecto.



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