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viernes, 2 de septiembre de 2011

Elijamos gobernantes honestos y recuperemos nuestro rol político


El domingo 30 de octubre, próximo, los colombianos elegiremos mandatarios para las gobernaciones, alcaldías, asambleas, concejos y juntas administradoras locales, para el período comprendido entre el 2012 y el 2015. En total, serán algo así como 32 gobernadores (uno por cada departamento), mil 102 alcaldes (uno por cada municipio); no más de 31 diputados a las Asambleas, ni más de 21 concejales (según lo determine la ley en consonancia con la población respectiva). Con todo, hay, según lo reveló el Ministro Vargas Lleras hace pocos días, unos 100 mil candidatos que ejercen su derecho de aspirar a ocupar estos cargos públicos; pero también reveló que luego de muchas consultas, se concluyó que por lo menos 13 mil 815 aspirantes registran antecedentes judiciales, o impedimentos, o incluso, que registran vínculos con procesos non sanctos, lo que conminó a los partidos para negarles o retirarles los avales respectivos.


Guillermo Orlando Sierra Sierra
Rector Universidad de Manizales

Tales datos, me llevan a decir que los ciudadanos y ciudadanas de este país estamos llamados a pensar con mucho juicio, siendo más explícitos, con sindéresis, a quiénes les vamos a dar el voto de confianza para que dirijan los destinos locales, municipales y departamentales en nuestro nombre. Porque ciertamente el asunto es de representación; la representación política es una necesidad de la vida, en la medida en que se trata de una instancia fundamental en la auto construcción de la sociedad. No olvidemos que somos los ciudadanos y ciudadanas los generadores de sentido y constructores de identidades políticas, porque la representación política no se configura única y exclusivamente en los sufragios. Pero como en este país sucede justamente lo contrario, es decir, que muchos terminamos creyendo que elegimos para que decidan por nosotros, pues lo que dejamos es que esos otros y otras hagan y deshagan nuestra vida a su antojo. Esta actitud ha llevado más que a las crisis de los partidos políticos, a la fractura
de lo poco que tenemos de democracia.

Lo que escuchamos por estos días, son discursos no solo mediáticos, sino callejeros, que tienen la pretensión dizque de aglutinar intereses identitarios, esto es, con los que todos, o muchos, nos sintamos identificados. ¿Resultado?: una aparente quietud ciudadana que ve cómo partidos y movimientos -que terminan siendo coyunturales y que tal como aparecen, desaparecen-, incluso sindicatos y caudillos en su afán proselitista, diseñan procesos que "involucran" a las mayorías buscando dizque representar los intereses de todos.

Y tengo la impresión de que lo logran, porque esa aparente pasividad que veo en las calles está encarnada en unos cuantos que salen vociferando, porque creen que todos guardan una misma identidad, sin caer en la cuenta de que con este proceder se reproduce un statuo quo que lleva años asolándolos.

Quisiera pensar que en octubre elegiremos a unos gobernantes que más que competentes por sus capacidades intelectuales y técnicas, son honestos, incluyentes, respetuosos en el cumplimiento de lo que dijeron en campaña, y que gobiernen con sana lógica el poder que se les entregó. Pero, al mismo tiempo, quiero pensar que los ciudadanos y ciudadanas de este país, no los dejaremos solos y que estaremos acompañando los procesos políticos en aras de consolidar esta democracia nuestra tan incipiente. La participación en la vida de una comunidad es, a mi juicio, justamente esta, que no es otra cosa que recuperar el rol político que a todos nos corresponde.

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