Pages - Menu

viernes, 19 de agosto de 2011

La oralidad y la escritura para vitalizar la democracia


Pienso que así como el tiempo y el espacio son parte constitutiva nuestra, la oralidad y la escritura son nuestro ser. Somos lenguaje, decía con insistencia el filósofo alemán Martín Heidegger. Que en la academia, como se lo escucho decir con algo de vehemencia a un profesor de mi Universidad, lo que no está escrito no existe, puede ser cierto, hasta un punto. Creo que a este profesor le asiste la razón de que la palabra escrita tiene como función esencial la preservación de la memoria; pero también estoy convencido de que la escritura no lo sería, si no estuviera la magia de la oralidad.


Guillermo Orlando Sierra Sierra
Rector Universidad de Manizales

Aunque la tecnología de la escritura ya existía por lo menos 100 años antes de que Platón, el escritor, pusiera en el papel físico las palabras de su maestro, Sócrates, el orador, quien estaba dedicado irónicamente a iluminar y demostrar lo que muchos creían saber o no creían saber, cabe recordar que un medio como la palabra escrita tuvo serios opositores en la antigua Grecia, por ejemplo. Platón, quién lo creyera, llegó a afirmar en su República, que los poetas debían ser expatriados de la sociedad. Pero los "poetas" del siglo IV antes de Cristo, a quienes se refería este pensador eran realmente los burócratas que pretendían mantener como exclusivo un sistema oral de conocimiento y educación. Este sistema requería, por obvias razones, una dosis de energía inusual y no menos imponente para memorizar el conocimiento y poder transmitirlo con precisión a los jóvenes.

Lo que argumentaba Platón era que la palabra escrita debía servir para almacenar información, lo que conllevaba que el sujeto podía de manera libre examinar sus ideas o las de otros de manera crítica. Volver a leer implica escribir dos veces, dicen los pedagogos. El asunto relevante aquí estriba en que el pensador griego propuso una muy importante reforma educativa y un medio de difusión clave para la misma palabra escrita. Lo que habría que leer aquí es que la escritura es un medio para recordar, pero solo le era útil a aquellos que estaban educados, que poseían conocimiento. Mirada esta postura desde otra perspectiva, hay que decir que por supuesto Platón reconoció la inmensa valía que tenía la oralidad.

Hoy, en este espacio, le hago un homenaje a la oralidad y a la escritura; ambas son dialécticamente indisociables, son realidades que permiten los diálogos, los debates, las conversaciones, las miradas, los imaginarios. Con las dos se ramifican y proponen siempre espacios para reverberar temas que atraviesan los tiempos, las épocas, la vida, esa misma que penetra las aulas y camina por los pasillos de escuelas, colegios y universidades, lugares en donde, se supone, prima el pensamiento y se hace ciencia. Con la palabra hablada y oral hacemos ciencia, y quisiera pensar que con ellas somos capaces de escribir un gran relato nacional, científico y humanista que nos una.

Al igual que Diógenes de Sínope, conocido como el Cínico del tonel, quien a plena luz del día en Atenas portaba una lámpara encendida buscando un hombre honesto, nosotros así tenemos que comportarnos. Con la lámpara de las ciencias debemos ser capaces de encontrar sujetos colectivos que puedan reconfigurar un nuevo tipo de participación política que facilite la construcción de nuevas formas de democracia y de ciudadanía, además de que permita vitalizar los valores de la equidad, la solidaridad, la inclusión, la autonomía y la justicia.

Quienes estamos inmersos en la academia, debemos convertir los libros y la palabra oral en herramientas de lectura con las que podamos eludir los dogmatismos; es urgente, me parece, evitar la fe ciega en lo que creemos saber, pero que quizás no sepamos. Nuestra palabra, hablada y escrita, nuestros libros y nuestra conversación deben ser una impronta imborrable para nuestros estudiantes y ciudadanos. Creo que esa sería nuestra mejor carta de acreditación. Abogo porque nuestras palabras resuenen, en forma de conversación, en la ciudad, en la región, en el país todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada