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viernes, 8 de abril de 2011

Debemos revitalizar la educación


Hoy más que nunca tenemos que pensar que la prosperidad de este país depende de que logremos educar y capacitar a nuestro pueblo. Estimular y vitalizar a la educación es una prioridad urgente. Y para el efecto, se requiere el apoyo de todos para diseñar y ejecutar reformas sustantivas (como la actual Ley 30 de 1992 de la educación superior, en debate desde hace por lo menos cuatro meses) que permitan mejorar en forma notable la calidad de las escuelas, colegios y universidades; asimismo, es necesario crear un sistema más riguroso para capacitar a los jóvenes en las habilidades que se requieran, con el propósito -a largo plazo, puesto que la educación no puede ser mirada con fines cortoplacistas- de competir en la economía nacional e internacional. De igual manera, creo que urge que el Estado garantice la ayuda financiera -y que la incremente, no que la reduzca-, de tal modo que se puedan garantizar el acceso y la permanencia de los ciudadanos y ciudadanas en la educación superior. Y a todo esto, me parece que hay que ponerle en alto relieve no sOlo los deberes, sino los derechos de las personas.

Guillermo Orlando Sierra Sierra
Rector Universidad de Manizales

Quizás, algunas iniciativas sean válidas en la búsqueda de un nuevo compromiso por la educación para el trabajo y la ciudadanía: por un lado, se necesita que inventemos un nuevo tipo de escuela (sea pública o privada) diferente, más innovadora, flexible y dúctil a las necesidades especiales de los estudiantes y sus familias; por el otro, pienso en aquellos jóvenes excluidos por causas económicas y étnicas, y a quienes deberíamos, de alguna manera, reclutar para que cursen estudios superiores y que a cambio presten servicios a sus propias comunidades.

Durante el tiempo que llevamos discutiendo la propuesta del Gobierno a la reforma a la Ley 30 de 1992, me asalta una pregunta que creo bulle en el centro del debate: ¿está mal el sistema universitario porque el Estado y, en general, la sociedad, invierte muy poco en él -cada vez menos-, o es por el modo en cómo está organizado? Hay quienes, los más liberales (no me refiero exclusivamente a partidos políticos), piensan que el asunto es la falta de recursos; otros, los más conservadores (no estoy pensando necesariamente en partidos políticos), tienden a pensar que el Sistema está mal en su estructura. Por supuesto que un mayor rubro destinado a las universidades es parte de la solución; pero también cabe pensar que el Sistema mismo requiere de una reorientación. Sé de muchas instituciones que pretenden permanecer en su clásica forma de gobierno, con una rigidez burocrática y una centralización excesiva; y también reconozco el principio autonómico con el que muchísimas se juegan la vida en la preservación del patrimonio científico y cultural de un país, aunque ésta se vea amenazada por el gran capital.

Nuestro país y, en general, América Latina, está en crisis; cada vez se da un mínimo crecimiento económico, y al mismo tiempo hay mayor pobreza y desigualdad. No hemos sido capaces de contar con dirigentes políticos (aquí sí estoy pensando en los partidos y movimientos) capaces de mantener el crecimiento en el tiempo. Los gobiernos no han sabido manejar de manera correcta la política cambiaria, así como tampoco mejorar las condiciones productivas, ni mucho menos de diseñar políticas públicas que garanticen los derechos de los ciudadanos.

Insisto en que requerimos revitalizar nuestro sistema de educación superior, y buscar que esté apoyado por un modelo económico que le permita recuperar su institucionalidad y acabar con la corrupción en todos los niveles.

Si algo hemos aprendido de la Modernidad es justamente la reivindicación no solo de los derechos, sino también de los deberes, en aras de contrarrestar esa ética individualista que no nos deja pensar como nación, que no nos deja construir ese gran relato en el que le encontremos el sentido de dignidad a la vida misma.

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