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viernes, 4 de febrero de 2011

Nosotros mismos, también pequeños tiranos


A propósito de lo que está sucediendo en Egipto, en donde los ciudadanos -que llevan resistiendo durante tres décadas (desde el 14 de octubre de 1981) el régimen de Hosni Mubarak, y aprovechando las ventajas de la Internet y de la telefonía móvil-, salieron a las calles masivamente a pedir la salida del Gobierno y comenzar, diría yo, una nueva página de su historia política, recordé una vieja lectura de los Hermanos Karamazov de Dostoievsky. Allí en el Discurso del gran inquisidor, el jerarca de la iglesia sostiene desde el púlpito, y sin sonrojo alguno, que las cadenas son necesarias, entre otras cosas, porque son los mismos hombres quienes las reclaman.



Guillermo Orlando Sierra Sierra
Rector Universidad de Manizales

30 años bajo un régimen (en Colombia llevamos más de 50 años soportando el régimen de una guerra que nos tiene acorralados y nos volvió sumisos), y apenas hasta ahora los ciudadanos egipcios se vienen a lanzar a las calles a protestar -incluso a costa de su propia vida- por los vejámenes a los que han sido sometidos. Por supuesto que debe ser muy difícil levantarse a pedir la dimisión del Gobierno, cuando casi durante medio siglo Egipto -junto con Israel- ha servido de pilar para la estabilidad política de la zona; ambos países han facilitado todas las condiciones para que se sostenga toda una red de poder en el Medio Oriente, sustentada principalmente por la necesidad de los EE.UU. de extraer el "oro negro" que mantenga su economía.

Este acallamiento durante tanto tiempo (del pueblo egipcio y del nuestro) quizás se entienda de alguna manera por el hecho de que quizás en el fondo somos dogmáticos y nos acogemos -cabeza gacha- a aquellos caudillos que nos prometen una "verdad" revelada y una seguridad absoluta; y termina por angustiarnos si nos toca pensar por nosotros mismos. Pero, como decía un poeta francés (de cuyo nombre no quiero acordarme) "¡Oh! Señor, qué guerra cruel,/ hay dos hombres en mí", si requerimos de un amo, lo más probable es que en el fondo de nuestra conciencia habite un diablillo hitleriano. Esto, probablemente explique por qué nos cuesta tanto trabajo reconocer al otro y aceptar que somos diferentes; y además pensar que es muy factible que sea el otro el que tenga la razón. Y también por eso es fácil encontrarse a alguien afirmando que si los egipcios (y los colombianos) se han dejado someter tantos años, es porque su única alternativa de vida está en la consolidación de regímenes autoritarios.

Desde mi prejuicio, hay una gran lógica de la contradicción en estos países: una democracia necesita de sujetos demócratas; y para que se den sujetos demócratas, se requiere de una sociedad democrática. Esto, pareciera muy denso, pero no lo es tanto si nos ponemos a pensar que el autoritarismo y la fraccionada democracia (egipcia y colombiana) son dos caras de una misma moneda que se rozan perfectamente en la vida cotidiana. Sin embargo, no parece fácil entender lo que sucede en Egipto (ni lo que pasa en Colombia); ¿alguien me puede explicar cómo se logra ese contubernio entre una institucionalidad que se precia de ser democrática y las violencias políticas permanentes?; pero lo que sí creo saber es que existe una especie de naturalización de dicha coexistencia y nos habituamos a vivir así.

Finalmente, llamo la atención sobre la incapacidad que tenemos para la conversación. Una sociedad moderna -que es lo que muchos queremos- requiere de personas autónomas, que piensen por sí mismas, tomen decisiones y asuman las consecuencias de lo que dicen y hacen. El destino se hace, no está trazado: "caminante no hay camino/ se hace camino al andar". Es contrario a toda racionalidad humana que nos demoremos 30 años para tomar las riendas de nuestra propia vida. No obstante, nos conviene mirar con detenimiento el ejemplo (así se haya demorado un poco) de los ciudadanos egipcios. Esta revolución hay que pensarla y con juicio, de pronto cobijados por lo que alguna vez dijo Kafka: "La verdad es difícil, pero ella nos ayuda a vivir y a morir".

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