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viernes, 26 de noviembre de 2010

El consumo convertido en adicción


En la segunda edición del periódico Opiniones (una nueva publicación de profesores de la Universidad de Manizales), aparece un artículo titulado Un 56% de los manizaleños determina que la atención es fundamental para comprar en Manizales. Se trata de una investigación que tuvo en cuenta variables como la percepción que posee el consumidor, las características del servicio, la atención al cliente, y el nivel de satisfacción que éstos tienen respecto de los horarios de servicio del sector comercial. En últimas los que contrataron esta investigación con la Universidad mencionada: la Secretaría de Competitividad de la Alcaldía y Fenalco, Caldas, buscaban que se indagara por el estado de la actividad comercial de la ciudad, puesto que ésta demanda de los vendedores (o asesores de venta, como se les dice hoy en día) ciertas características y condiciones que terminan por definir qué compra y qué no el consumidor.


Guillermo Orlando Sierra Sierra
Rector Universidad de Manizales

Desde mi prejuicio, si bien es importante considerar esta cara de la moneda, si se quiere lograr algún tipo de fidelización de los compradores a partir de una excelente atención de los asesores de venta, me parece que no conviene dejar de pensar qué tan responsables son realmente los consumidores a la hora de adquirir un producto. Con otras palabras, me atrevería a preguntar qué tan razonables son como consumidores. Y por razonable entiendo a aquel ciudadano que antes de tomar la decisión de consumir adopta las precauciones necesarias e indispensables, y busca la mayor cantidad de información posible sobre el producto que va a adquirir. Por supuesto, estoy lejos de pensar que el consumidor se convierta en un experto en los productos mismos, pero sí creo que deben ser responsables con lo que se compra.

Así como se le pide al vendedor que cuente sobre el producto o servicio -al fin y al cabo aquel posee información, digamos, privilegiada que los compradores no tienen porqué saber-, a éstos hay que pedirles que pongan de su parte. En suma, en esta relación contractual ambas partes deben actuar de manera responsable.

Y se deja de ser razonable, cuando los consumidores no se informan lo suficiente, ni comparan los productos antes de adquirirlos; para decirlo en cuatro palabras: cuando no se es responsable. Y me parece que justo ahí es cuando el consumo tiende a convertirse en adicción. No hay que olvidar que el mundo del comercio ofrece infinitas posibilidades; y resulta prácticamente imposible saber los límites, por demás seductores, que se presentan a diario. La vida del consumo siempre participa de una carrera que resulta ser más veloz que el consumidor más rápido. No tiene fin la eterna promesa de una vida feliz, más cómoda y siempre más joven. Y el problema aparece, entonces, cuando nada termina por satisfacernos, porque hoy apareció otra cosa mejor que la que compramos ayer; y mañana, una todavía mejor que la que adquirimos hoy. Y así se nos pasa la vida, así se nos va la vida, mientras estamos ocupados consumiendo dizque para “vivir mejor”.

Como están las cosas, pienso que los consumidores no tenemos el derecho a ser irresponsables; creo que deben exigirnos a que tengamos nivel de conciencia de lo que compremos: por ejemplo, que leamos con juicio los contratos antes de firmarlos; que revisemos las etiquetas de los productos; que… en fin, que aprendamos a consumir. No me parece sensato que les pidamos a los vendedores responsabilidad en su trabajo, si quienes compramos no la tenemos con nosotros mismos.

Los consumidores no debemos ser tratados como menores de edad; sino educados para que aprendamos a elegir lo que realmente nos sea útil y beneficioso. Sólo así, contribuiremos a tener ciudadanos consumidores razonables.

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