Pages - Menu

viernes, 1 de octubre de 2010

“Solo quien ama vuela…”


En esta oportunidad me arrogo el derecho de poner como título un verso del poema Vuelo, de Miguel Hernández. Completo dice: “Solo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto que sea como el pájaro más leve y fugitivo? Por eso, pregunto ¿en dónde se quedó el amor?, ¿en qué trinchera?, ¿en qué nido de aire habitado por aves simples y bellas? Leí en un periódico de circulación nacional que este país es despiadado; aquí se pasa fácilmente -demasiado fácil- del amor al odio con una rapidez increíble. Hoy lloramos de alegría cuando los secuestrados son liberados, y les profesamos un inmenso amor; pero mañana si dicen o hacen algo con lo que no estemos de acuerdo, no solo los desterramos, sino que somos capaces hasta de crear las condiciones para que los vuelvan a secuestrar. Y se siente en el ambiente, en las casas, en las calles, en los colegios y universidades, hasta en fiestas y cócteles, angustia, rabia, desesperación, humillación, y todos los ingredientes que sirvan para sacar de la cancha a quienes opinan distinto y se atreven a expresarlo.


Guillermo Orlando Sierra Sierra
Rector Universidad de Manizales

El sustantivo universal amor encierra cualidades que sobrepasan las experiencias particulares, pero persisten en la mente de los sujetos, y no como una invención de la imaginación, ni mucho menos con pretensiones lógicas (muchas veces el amor no se enfrasca en estas fronteras), sino como la sustancia de la que está hecho nuestro mundo. La nieve no es toda y puramente blanca, ni ningún ser (humano o animal) es absoluta y completamente cruel o bondadoso.

El amor es una metáfora que nos permite y nos facilita encontrar la vía hacia la democracia, la libertad y la justicia. Entendido así (como metáfora), se convierte en un pensamiento crítico que lucha por definir y develar lo irracional de la racionalidad establecida; la misma que se vuelve en una especie de unidad nacional: todos “pensamos”, decimos y actuamos de la misma forma. Esto último ha sido el logro histórico de la conversión de los valores en cosas materiales. El respeto, la hospitalidad, la fe, la humildad, la tolerancia, la solidaridad se ponen sobre la mesa sólo en términos técnicos, como si fueran elementos de un gran proceso tecnológico. De ahí que uno termine por entender que el ser humano no se convierta en un fin en sí mismo, sino en un medio para; y los valores, que le pertenecen por su misma esencia, pasen al aula de evaluación tecnológica o científica. Por este camino se llega, incluso, a creer ciegamente que la naturaleza humana está destinada a permanecer para siempre de la misma manera.
Y esto, desde mi prejuicio, no corresponde a una noción científica ni mucho menos filosófica. Obedece a la proclamación de una autoridad distinta.

Así no se puede volar, esto es, no se puede amar, porque se termina amando lo que se tiene y no lo que se es. De nuevo pregunto: ¿puede una sociedad afirmarse como Estado Social de Derecho si no es capaz de proteger la vida, honra y bienes de los ciudadanos; si no es capaz de garantizarle su libertad, sus sueños y esperanzas, y fomentar en todos los rincones y escenarios el amor?

Creo que una sociedad libre, abierta, se define más por el aumento de sus logros fundamentales que por la autonomía privada; aunque, por supuesto, la ausencia de ésta última bien puede invalidar las más preciadas instituciones de libertad económica y política.

“Solo quien ama vuela…” rezaba el Poeta. Y tenemos que aprender a volar; al fin y al cabo, el cielo se eleva y el aire mueve. Quizás, no lo sé, la supresión del exceso de anuncios y de los medios adoctrinadores de información y diversión, nos sumerjan en un vacío traumático tan terrible, que terminemos por aprovechar la oportunidad de pensar y reconocernos a nosotros mismos y a la sociedad a la que pertenecemos. Quizás si nos privamos de los falsos “padres” y de los arrogantes caudillos, nos veríamos abocados a volver a aprender el abecedario. Amor empieza y se escribe con A.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada