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viernes, 29 de octubre de 2010

Échele ojo al teatro: vivimos un Festival de la memoria


Qué mejor momento que aprovechar el Festival Internacional de Teatro que se adelanta por estos días en la ciudad, para continuar escribiendo nuestra palabra y alzando nuestra voz, y darle a la memoria el lugar que se merece. Porque hay quienes prefieren seguir pensando que acallando las esperanzas y los sueños de los ciudadanos, se silencia también la construcción de una vida digna, la misma que en ocasiones se manifiesta en palabras, y otras veces en silencios. Estos personajes pretenden continuar con la máscara de la impunidad y el olvido; y no lo hacen precisamente para echar a un lado todo el pasado, sino para asegurarse de que podrán nuevamente actuar sobre los que les son diferentes.


Guillermo Orlando Sierra Sierra
Rector Universidad de Manizales

Tal y como lo vienen pregonando desde hace ya 32 versiones los protagonistas del mundo de las tablas: la celebración de la memoria también es una celebración del mañana. Algo así decía Tutankamón: “He visto el ayer: conozco el mañana”. Teatreros, libretistas, guionistas, tramoyistas, directores…, nos repiten que la memoria no es voltear la cara y el corazón al pasado; la memoria no es un recuerdo estéril que devela risas y lágrimas.

Y muchos hemos aprendido que con la memoria aparecen las verdades, la vergüenza, las consecuencias, la honestidad, el respeto por los otros y por uno mismo, el amor. Tengo la esperanza de que con esta versión, los manizaleños entendamos esta gran lección que nos dejan todos los que se congregan alrededor del Festival: la memoria funda el mañana, lo crea y lo potencia. Aunque suene paradójico, es la que permite que mañana nuestros hijos y nietos, no repitan las pesadillas y los horrores que quienes pertenecemos a la generación actual, nos inventamos; y que, por el contrario, las alegrías y las incertidumbres se conviertan en los libretos de una gran memoria colectiva, me atrevería a decir, de ese gran metarrelato que muchos buscamos.

El teatro es eso, memoria, esto es, una vital vacuna contra todo lo que huela a feo, a deshonesto, a corrupto, a mentira, a marginación y exclusión; el teatro, como la memoria de los pueblos, es el alimento indispensable para la vida. Por eso, estoy convencido de que quien cuida y conserva la memoria, cuida y conserva la vida; y quien no lo hace se convierte en un muerto insepulto.

¡Échele ojo!: conviene que esta ciudad y sus ciudadanos continuemos apoyando el Festival de teatro, porque en este escenario callejero se nos muestra la herencia de muchos de quienes han detentado el poder: montones de pedazos rotos, de muertos aquí y allá, de impunidades y cinismos, de ausencias y lágrimas, de rostros que narran historias desmoronadas; montones de escombros que terminan por hacernos decir “somos” una vergüenza.

Siento un gran orgullo por quienes asisten a teatro y creen en lo que ven, porque ellos comienzan a heredar atisbos y pistas para unir los viejos fragmentos dispersos, que les permitirán armar el rompecabezas del ayer y abrir en consecuencia, un postigo en la desvencijada ventana para convertirla finalmente en una inmensa puerta. No olvidemos que las puertas fueron antes ventanas, y antes de eso, postigos, y rendijas; y fueron y son memoria.

¡Éche ojo!, porque con el Festival construimos la puerta de la memoria. Por estos días, muchos manizaleños -y con seguridad que también en muchas otras partes del mundo- se convierten en los fieles guardianes de la memoria reuniéndose alrededor del rito del teatro, una ceremonia tan antigua como la vida misma, como la palabra; es la misma palabra para conjurar el olvido.

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