Pages - Menu

viernes, 28 de mayo de 2010

Votemos para ejercer control sobre los gobernantes


Aprovecho esta columna, a propósito de las elecciones del próximo domingo cuando elegiremos al nuevo Presidente de la República, para insistir en una tesis que he planteado en otros momentos y en otros escenarios. Nuestra América Latina apenas conoce democracias que de un modo o de otro, continúan siendo incipientes. Y lo son, porque los caminos que se abren despliegan mantos de populismos que terminan por romper tejidos y movimientos sociales. Y si no, que lo digan chilenos, hondureños, venezolanos, bolivianos y, por supuesto, colombianos, para no citar a ciudadanos de otros tantos países.


Guillermo Orlando Sierra Sierra
Rector Universidad de Manizales

Esto para hacer énfasis en que las representaciones políticas son una imperiosa necesidad de las sociedades contemporáneas. Bueno, siempre lo han sido. Sólo que lo que debemos entender ahora es que las representaciones no corresponden exclusivamente a los intereses entre los ciudadanos, o entre éstos y cualquier organización que pretenda representarlos.

A partir de ahí, insisto en que las representaciones políticas no se configuran única y exclusivamente en los sufragios; para decirlo con otras palabras: no es un asunto único por medio del cual los ciudadanos les pasan a otros la representación mediante el voto.

Pero digamos esto de otra manera: ¿cómo saber que una sociedad se constituye como democrática? Aventuro una respuesta y digo que reconociendo que una democracia es algo más que elecciones libres y la existencia de partidos políticos. Claro que se requiere de representación política de las voluntades populares; y para ello, son necesarios los votos y los partidos debidamente organizados. No obstante, lo que digo es que en una democracia es fundamental que se den formas de controlar el ejercicio del poder que se les concedió a los gobernantes. Y no estoy hablando de las que ya conocemos producto de la división de los poderes, sino además de formas concretas de participación ciudadana. De esta manera, lo que debemos entender es que una democracia no se agota en las urnas, esto es, que no podemos creer que el próximo domingo por el hecho de salir a votar ya seamos una sociedad democrática.

Para ilustrar esto que digo, me apoyo en el texto La poliarquía: participación y oposición, del pensador Robert Dahl. Este hombre asegura que las democracias modernas son mucho más que las contiendas electorales de los partidos políticos que buscan afanosamente votos para subirse al Trono; y alude al concepto de representación, diciendo que ésta debe terminar por convertirse en un amplio espectro de formas de participación de los ciudadanos.

Se juegan, entonces, por estos tiempos, en este país, dos cartas fundamentales para la construcción de nuestra democracia: la participación ciudadana que se convierte en representación, entre otras cosas, debida al voto; y la representación misma que se controla mediante la voluntad de los ciudadanos gracias a que éstos participan de la cosa pública.

Así, pues, el domingo próximo hay que salir a votar, pero con la mente puesta en que somos los ciudadanos quienes le damos sentido a esta ciudad, a esta región y a este país. Y debemos acudir a las urnas pensando en que si el elegido no nos cumple, pues para eso existe un mecanismo constitucional: la revocatoria del mandato. Tal es el sentido de una democracia, si es que eso es lo que buscamos.

1 comentario: