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viernes, 30 de abril de 2010

El trabajo es la vida misma


Hoy quiero dedicarme, en esta columna, a exponer algunas breves reflexiones sobre lo que significa trabajar, a propósito de que mañana sábado, 1o de mayo, se celebra el tradicional Día del Trabajo. 

Y creo conveniente que empecemos por el reconocimiento histórico. Es verdad que el trabajo es un derecho. El artículo 25 de la Constitución Política de Colombia, así lo establece: “El trabajo es un derecho y una obligación social; y goza, en todas sus modalidades, de la especial protección del Estado. Toda persona tiene derecho a un trabajo en condiciones dignas y justas”.

Guillermo Orlando Sierra Sierra
Rector Universidad de Manizales

Pero este derecho (que al mismo tiempo es una obligación social), no apareció por obra y gracia de algún espíritu santo; viene de los tiempos de la Revolución industrial en los Estados Unidos. Millares de hombres, con sus familias a bordo, provenientes de muchas partes del mundo, llegaron a Chicago, la segunda ciudad más importante del País del Norte; y algunos se organizaron alrededor de lo que se denominó como la Noble orden de los caballeros del trabajo; en tanto otros, fortalecieron la Federación Estadounidense del Trabajo. De manera conjunta, lucharon por materializar una idea concreta: que la jornada laboral fuera de ocho horas; para poder, decían, dedicar otras ocho para echarse un “motosito”, y otras ocho para estar con la familia en la casa o en el parque. Y la pelea les resultó, porque en su cuarto congreso del 17 de octubre de 1884, resolvieron que desde el 1o de mayo de 1886, la duración de la jornada laboral sería de ocho horas.

Con todo, en esa época ellos habían logrado entender que el trabajo es un asunto político que enaltece y dignifica al ser humano. Incluso, hasta el mismo Papa Pío XII, en 1954, lo reconoció cuando apoyó de manera tácita esta jornada de memoria colectiva declarando este día como festividad de San José Obrero.

Sin embargo, y parafraseando a John Lennon quien afirmaba que la vida es lo que pasa frente a nosotros, mientras nos la pasamos haciendo otras cosas, yo diría, que mientras nos la pasamos trabajando. Esto lo digo porque las incertidumbres y perplejidades de estas épocas están signadas por el temor de que los proyectos de transformaciones sociales terminen abrazados por el Gran Hermano, al igual que por el declive de lo que significa y de lo que es la política frente al poder del Capital, materializado en la lógica aplastante de la globalización.

El concepto de lo que significa trabajar se ha perdido. O si no, que algunos de ustedes, amables lectores, digan si no han escuchado con frecuencia decir que “nos toca ir a trabajar”, o que “es tan maluco trabajar que por eso nos pagan.” Yo pensaría, aprovechando lo que le aprendí a Hannah Arendt, que existe una estrecha vinculación entre política y trabajo. Si la política permite, entre otras cosas, organizarnos socialmente y establecer jerarquías, el trabajo es una actividad de hombres y mujeres que tiene que ver con la producción de cosas para la vida.

Celebremos y conmemoremos, pues, este 1o de mayo, comprendiendo que el trabajo es una actividad que fortalece el ciclo de la vida. Y esto es un asunto que le compete a la política; y lo es porque la producción de las cosas para la vida, nos debe permitir desplegar todo el potencial del que somos capaces.

Mañana, entonces, en el Día Internacional del Trabajo, la consigna debería ser que el trabajo es la vida misma.

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