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viernes, 5 de marzo de 2010

Implicaciones del desempleo


El desempleo es uno de los principales problemas de una sociedad y se debe a que los flujos de entrada de personas a la población económicamente activa son mayores que los flujos que puede absorber el sistema productivo; en el caso colombiano, la baja capacidad de absorción se encuentra asociada con las bajas tasas de inversión tanto del sector público como del privado, resultantes a la vez de la baja capacidad de generar ahorro interno. Si la Inversión no aumenta significativamente, las posibilidades de crecimiento económico en el largo plazo y las posibilidades de disminución de las tasas de desempleo serán reducidas.



Duván Emilio Ramírez Ospina
merca2@um.umanizales.edu.co

Además de las implicaciones económicas del desempleo, es importante analizar las consecuencias de tipo social, ya que la forma natural de vinculación del hombre con la sociedad es el trabajo, por lo cual se constituye en un elemento inseparable de la naturaleza humana, con una dimensión adicional, el progreso social se asocia en primera instancia con la ejecución de una ocupación útil y, en segundo lugar, el progreso y calificación de una labor como medio de mejoramiento de la calidad de vida y acceso a formas superiores de uso del tiempo disponible. Existe otra dimensión que no puede ser subestimada, y se ubica en el plano psicológico y espiritual. La persona no sólo requiere trabajar, necesita ser necesitada; la valoración y autoestima están condicionadas por éste componente central de las relaciones humanas  y su subestimación puede conducir a una incorrecta valoración del costo del desempleo.

En general, los análisis más economicistas del costo del desempleo lo vinculan con la falta de utilización en el proceso de producción de la fuerza laboral desempleada; por lo tanto, la pérdida será igual a lo dejado de producir por ésta   población; el desempleo repercute con una mayor intensidad cuando se considera estructural, porque se prolonga por varios años, toda vez que puede llegar a imposibilitar a la persona para el retorno al mercado laboral, por perder el hábito y la disciplina para incorporarse a las rutinas que implica el ejercicio de un determinado empleo, o mantener la concentración requerida para ejecutar determinado trabajo. Esto no ocurre cuando el desempleo es friccional, o sea, aquel que se produce cuando en la economía una parte de la población está desempleada por poco tiempo, debido a la existencia de una rápida rotación, resultante  del ajuste de las empresas a los cambios del entorno en presencia de un mercado laboral muy flexible que responde a estos ajustes; también se considera desempleo friccional, el resultante del proceso natural de rotación de los trabajadores de un puesto de trabajo a otro.

A pesar de que la economía colombiana ha venido dando señales de recuperación, y las cifras de crecimiento económico han sido revisadas al alza, los índices de desempleo y subempleo, siguen siendo muy altos, la situación es más grave si se tiene en cuenta la forma como se calculan estas cifras, no considerando como desempleados aquellos que han dejado de buscar trabajo por más de cuatro semanas, o han tenido alguna actividad económica durante la última semana, por precaria que esta sea.  Si se analiza el comportamiento histórico del desempleo en Colombia y Caldas, especialmente en los últimos veinte años, se observa un desempleo estructural que además de las implicaciones de orden económico, causa los otros males relacionados en los párrafos anteriores.

Por un lado, es muy probable que no se esté generando un “crecimiento expansivo del empleo” desde la puesta en marcha de nuevas empresas o a través de nuevas contrataciones públicas. Tampoco en los últimos años la economía nacional y regional han contado con la presencia de un “crecimiento intensivo del empleo”, producido a partir de más enganche de trabajadores por las empresas nacionales y locales para responder a una mayor dinámica de la demanda. El hecho es que las limitantes que impiden el crecimiento del empleo están partiendo de la incapacidad estructural que tiene el aparato productivo ante el debilitamiento de la demanda interna y, seguramente, de la poca capacidad que se posee para crear nuevos emprendimientos ligados a dinámicas de demanda internacional por exportaciones no tradicionales, toda vez que el importante crecimiento de las ventas externas, han estado concentradas en productos primarios con bajo valor agregado.

Como política para bajar los altos índices de empleo, la flexibilización laboral, ha sido una  de las principales herramientas de política macroeconómica,  utilizada por los gobiernos colombianos desde inicios de la década de los 90 del siglo pasado, señalando la rigidez del mercado laboral como el principal obstáculo a la generación de empleo. Se presenta además como algo positivo y necesario en épocas de grandes cambios, como la actual.

Desde la reforma laboral de 1990, que se complementó con la del año 2002, la flexibilización se ha asociado más con la precarización, ya que lo que se busca es una reducción de los salarios y el uso intensivo de la fuerza de trabajo, relacionados con nuevas formas de contratación y de organización del trabajo, que afectan la estabilidad en un contexto de desmonte progresivo de la políticas de protección social.

Durante las dos últimas décadas, la llamada flexibilidad laboral, se ha centrado en la disminución del volumen de  fuerza de trabajo en función de la producción y en una presión a la baja de los salarios, buscando incrementar la productividad de la economía  por medio de la disminución del costo del factor trabajo en detrimento de la acumulación de capital vía desarrollo tecnológico; sustentando la recuperación del sector productivo y el aumento de la competitividad, en incrementos de la productividad del trabajo resultantes de la caída en los costos laborales.

El argumento de la rigidez laboral como causante del desempleo es el resultado del retoque a viejas doctrinas económicas. En la teoría neoclásica, el mercado de trabajo funciona como los mercados de otros productos; por lo tanto, el desempleo sólo puede explicarse por medio de la teoría de los precios, donde el salario real alto, genera una disminución en la demanda de mano de obra, lo que produce desempleo. Si existe un desequilibrio entre la oferta y la demanda, y si los trabajadores no encuentran empleo, es porque  los salarios son muy altos; entonces, disminuyendo los salarios se reduce el costo marginal del trabajo, las empresas buscan contratar más trabajadores, por lo cual la reducción  de los costos laborales vía flexibilización se verá traducida en un incremento de la oferta de puestos de trabajo.

Contrario a los planteamientos neoclásicos, los resultados  de la aplicación de ésta teoría, en el caso colombiano, hace dudar de la efectividad de la misma como parte de una política generadora de empleo; debido a que la actual crisis de empleo merece un análisis más amplio y por lo tanto un tratamiento diferente del que se le ha venido dando durante los últimos veinte años, ya que la crisis no se soluciona reduciendo los ingresos de los aún ocupados. En este sentido, Keynes hace notar que a corto plazo la demanda de trabajo no se determina en función de los salarios, ya que las necesidades de mano de obra de las empresas están ligadas al nivel de producción que ellas desean realizar; y éste está relacionado con el nivel de demanda existente en el mercado por sus productos, o con la capacidad exportadora de la economía.

Con la flexibilización laboral, se ha pretendido facilitar el aumento de la competitividad de la industria nacional en los mercados internacionales, con el fin de incrementar las exportaciones; pero las medidas macroeconómicas adoptadas no han contribuido a lograr este objetivo. Por el contrario, la apertura económica que buscaba ser bidireccional, es decir, que los sectores de baja productividad que fueran desplazados por la producción extranjera se situaría, en otros, en la alta productividad en donde las ventajas comparativas fueran mejores. No ocurrió según lo presupuestado, ya que la apertura fue unidireccional, esto es, fue más lo que se importó que lo que se exportó, generando una productividad cero en los sectores desplazados. Por lo tanto,  contribuyó a incrementar las tasas de desempleo, toda vez que los puestos de trabajo que se perdieron por el incremento de las importaciones, no fueron compensados por incrementos iguales o mayores en la generación de nuevos puestos de trabajo en el sector exportador, que ha venido creciendo sustentado en la exportación de bienes básicos poco intensivos en el uso de mano de obra.  Entonces, el alto costo social que implicó la flexibilización del mercado laboral no se ha visto reflejado en una mayor dinámica del empleo.

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