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viernes, 5 de marzo de 2010

De candidatos representantes y ciudadanos representados


Lo planteo de entrada: la representación política es una necesidad de la vida política. Esta primera tesis la desarrollo pensando en dos procesos imbricados y paralelos del pensamiento político moderno: la representación política y la democracia. Y cuando traigo a colación esta idea, no puedo olvidar que en América Latina nuestras democracias apenas están en construcción; y el camino que recorren (quiero decir, que recorremos) está plagado de populismos, de crisis -casi que de todo- y de innumerables rupturas de tejidos y de movimientos sociales. Hay casos paradigmáticos para ilustrar esto: Argentina, Chile, Bolivia, Colombia, Venezuela, Honduras…



Guillermo Orlando Sierra Sierra
Rector Universidad de Manizales

Y estos ejemplos me hacen decir que no me convence la postura de aquellos que piensan que la representación política se configura única y exclusivamente en los sufragios; es decir, en el hecho de que los ciudadanos les pasan su representación a otros mediante el voto. Y no me convence, porque lo que uno ve con los movimientos sociales (como los que se vivieron esta semana en Manizales y en Bogotá), lo que hacen es desacreditar este mecanismo dizque de representación. Con lo sucedido en estas ciudades, lo que se evidenció fue que los ciudadanos no requirieron buscar a ninguno de sus elegidos, así como tampoco a ninguno de los actuales candidatos al Congreso de la República. No lo hicieron. La gente salió a las calles y se representó a sí misma. Estos ciudadanos le dieron vida a experiencias autonómicas importantes, que no deben demeritarse; máxime porque este hecho se convirtió en un excelente mecanismo de interacción que les facilita, a la postre, la construcción de sus propias identidades por fuera de los sistemas políticos partidarios.

Aunque por obvias razones no avalo -por el contrario, rechazo de manera categórica- las manifestaciones que terminan en vandalismo y en agresiones físicas de unos contra otros, creo que debemos pensar con juicio, que estos movimientos de ciudadanos lo que muestran son otras lógicas de representación que no se remiten única y exclusivamente a los tiempos coyunturales del sufragio.

No obstante lo dicho, y como estoy convencido de que una democracia requiere de partidos, es decir de representantes, debo hacer énfasis en que éstos tienen que comenzar por comprender que los procesos de representación sólo se alcanzan en la medida en que los sujetos se reflejen en los otros, esto es, en ellos, lo que conllevaría una imagen de unidad. Este espejo es fundamental para los sujetos que pretendan construir una sociedad democrática.

La construcción de una democracia tiene que ver con que la identidad del representado es formada por el representante. Esto, amables lectores, no es un mero juego de palabras. Sostengo que es necesario comprender que la vastedad que vemos en las calles de las diferencias y la infinita diversidad, son elementos indispensables para una sociedad real.

La pregunta que me hago, entonces, es si quienes aspiran al Congreso y a la Presidencia de la República entienden la dimensión que tiene esta sociedad nuestra, cuya tierra es fértil en diversidad heterogénea, multicultural, multilingüística, multiétnica, multirreligiosa… Hay aquí, en esta ciudad, en esta región del Eje Cafetero, y en este país, un gran abanico de infinitas posibilidades y de alternativas democráticas.

Señores candidatos y señoras candidatas, les repito la pregunta: ¿Comprenden la inmensa responsabilidad de lo que significa la representación que ustedes quieren ser de los ciudadanos que sueñan y quieren un país más justo y humano?

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