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viernes, 22 de enero de 2010

¿Dictadura o la democracia? Usted, y nadie más que usted, elige


De entrada, uno estaría tentado a pensar que es imposible que en el mundo contemporáneo, abrazado por las tecnologías que no permiten espacios de privacidad, se pueda hablar de dictaduras perfectas. Pues, más vale que lo creamos, porque las hay. ¿Que cómo se las conoce? Pues lo único que se requiere es no perder la memoria, porque éste es quizás el único requisito indispensable para saber si el régimen en el que se está matriculado es democrático o dictatorial.





Guillermo Orlando Sierra Sierra
Rector Universidad de Manizales


En la actualidad, una dictadura es perfecta cuando en un país se realizan elecciones formales eligiendo a sus gobernantes, pero en la práctica los ciudadanos sufren la dictadura de un partido hegemónico; y más todavía: es así, aún cuando en apariencia existan varios movimientos o partidos con nombres distintos, pero que a la postre se comportan como uno solo. En este tipo de régimen los ciudadanos gozan de muy poca (por no decir ninguna) influencia en la vida política. Y una democracia (en ésta no cabe la virtud de la perfección; ¡qué tal!) es, entre otras cosas, un sistema político que permite la coexistencia -pacífica y no violenta- entre distintas interpretaciones de derecha, centro e izquierda; o como la señalan algunos otros: en un sistema democrático en el cual las leyes que uno debe obedecer fueron creadas por hombre que nosotros mismos elegimos.
Definiciones de democracia, muchas más (todas discutibles, por supuesto). Por ahora, me quiero quedar con la primera de estas dos. Y ello, porque quiero hacer visible desde este espacio, el surgimiento de una forma de hacer política: la unión de las ideas, los proyectos y los esfuerzos, que vienen haciendo un grupo de entidades desde hace tiempo; y que por fin cayeron en la cuenta de que la política sólo se da única y exclusivamente con los otros; a partir del respeto por las distintas interpretaciones y formas de estar y habitar este mundo. Al igual que Hanna Arendt, no creo que uno nazca siendo político (como lo creía Aristóteles); el ejercicio ciudadano de pensar lo público, tiene sentido si se hace en y con los otros.

En este sentido, conviene que los ciudadanos y ciudadanas de esta región del Eje Cafetero, saludemos y le prestemos atención al esfuerzo interinstitucional de organizaciones como la Corporación Viva la Ciudadanía, la Escuela municipal de ciudadanía, la Asociación de personeros estudiantiles y líderes juveniles de Chinchiná, la Misión de Observación electoral, la Corporación Café y Vida, el Diario La Patria, las universidades de Caldas y de Manizales, y la Fundación Visión y Gestión, que de manera conjunta crearon la Red de Cultura Política.

Como lo dicen sus organizadores, no se trata de hacer borrón y cuenta nueva; si así fuera sería una contradicción de términos. Esta Red recoge el trabajo, las ideas y las esperanzas que ha venido tejiendo un sinnúmero de personas desde hace mucho tiempo; sólo que a partir de ahora, decidieron hacerlo juntos. Su mayor pretensión es estimular el pensamiento de los ciudadanos sobre la trascendencia del papel de la política en la construcción de una democracia. Y si esta Red contribuye para que la política vuelva a recorrer los pasillos y las aulas de los colegios y las universidades, bienvenida sea. No hay que olvidar que la política no es un asunto exclusivo de quienes se dedican a este noble oficio: los políticos.

Tengo confianza en que este trabajo conjunto nos ayude a no hundirnos en la dictadura perfecta que se avecina (¿o ya estamos en ella?)

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